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Comercios Históricos


Patio Cívico

21 de Abril del 2026

Patio Cívico

Imágen Patio Cívico

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Después de que el brillo de los electrodomésticos y el neón de Luxhogar se apagaran, la esquina de Montevideo y 10 no aceptó el silencio. Como si ese edificio de hormigón tuviera una vocación natural para reunir a la gente, las persianas volvieron a levantarse para darle paso a una etapa que marcaría a fuego la memoria afectiva de la ciudad: nacía el Patio Cívico.

Ya no se iba allí a comprar el progreso, se iba a celebrar la vida. El edificio se transformó en un refugio vidriado donde el aroma a café y a comida recién hecha reemplazó el olor a plástico nuevo. El Patio Cívico fue, para Berisso, mucho más que un patio de comidas; fue el living de la ciudad.

Era el lugar de las citas nerviosas en las mesas del rincón, de los domingos en familia donde los chicos corrían por los pasillos mientras los grandes estiraban la sobremesa entre charlas de fútbol y política. Los ventanales, que antes exhibían televisores, ahora mostraban la vida misma: el desfile incesante de la Montevideo, la lluvia golpeando el cristal mientras uno estaba al resguardo con un tostado y un licuado, o el sol de la tarde bañando las mesas compartidas.

Había una mística especial en ese salón. El murmullo era una música constante, un sonido ambiente que te hacía sentir que nunca estabas solo. Era el punto de encuentro por excelencia: "¿Dónde nos vemos?" era una pregunta que siempre tenía la misma respuesta. El Patio Cívico igualaba a todos; allí se sentaba el obrero, el comerciante, el estudiante y el vecino de toda la vida, todos unidos por el simple placer de compartir un momento bajo ese techo histórico.

Hoy, aunque el rubro ha vuelto a cambiar y la fisonomía sea otra, quienes vivimos esa época no podemos pasar por esa esquina sin sentir un pequeño tirón en el corazón. Al mirar esos mismos ventanales, todavía parece que vamos a ver a alguien saludándonos desde una mesa, con una mano en alto y una sonrisa, invitándonos a pasar.

El Patio Cívico no fue solo un comercio; fue el escenario de nuestros encuentros más queridos, el lugar donde el tiempo se detenía un rato para dejarnos ser, simplemente, vecinos de Berisso.

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