Entrevistas
Duilio Luis Bellun, nacido el 19 de Agosto de 1931 - Berisso, Septiembre de 1989
24 de Abril del 2026
P: Don Duilio, es un honor poder conversar con usted. hoy a sus 58 años, cuéntenos ¿cuándo y por qué un joven de solo 18 años decidió dejar su hogar y cruzar el océano hasta Argentina?
DB: (Con una mirada que se pierde en el tiempo) Era el año 1950. La guerra había pasado, pero las cicatrices quedaban. No solo en la tierra, sino en los bolsillos y en el alma. La situación en Italia era dura, y un joven como yo necesitaba buscar un futuro, una esperanza. Por eso, con solo 18 años, me subí a un barco con un tutor, porque era menor, y dejé atrás todo lo que conocía.
P:¿Qué recuerdos tiene de su pueblo, Volpago del Montello? ¿Era muy diferente a la vida que encontró aquí?
DB: (Una sonrisa melancólica asoma en sus labios) Volpago del Montello... el aire es parecido, el clima similar, un poco más frío. Pero lo que no se compara es la distancia. Allí estaba mi familia, mis padres y mis cuatro hermanos. Dejarlos fue como dejar una parte de mi corazón. Fue la decisión más difícil, pero la única para no ser una carga para ellos.
P: Al llegar a este nuevo país, ¿dónde encontró refugio y cómo fue el inicio de su nueva vida?
DB: Llegué a una tierra extraña, un mundo nuevo. Por suerte, un tío me abrió las puertas de su casa. Y yo, que desde chico había aprendido el oficio de carpintero, no perdí tiempo. Salí a la calle con mis manos, con la herramienta que tenía en el alma, a buscar trabajo. La vida del inmigrante es de esfuerzo, pero cada peso ganado era una victoria, un paso más cerca de la dignidad.
P:¿Encontró lo que buscaba en Argentina?
DB: Sí, me gustó mucho. Encontré trabajo, un trabajo que me dio un sueldo digno, que me permitió construir una vida. Fue aquí donde conocí a mi esposa y donde formamos nuestra propia familia, con dos hijos. Ahora estoy jubilado, pero mi mayor orgullo es ver que mi familia creció y prosperó en esta tierra que nos dio una oportunidad.
P: ¿Volvió alguna vez a Italia? ¿A su hogar?
DB: Sí, en el año 1975, volví a pisar mi tierra. Fue emocionante, lleno de recuerdos. Me gustaría volver de nuevo, poder abrazar a mis familiares que quedaron allá: mis hermanos, mis tíos, mis sobrinos. El corazón siempre se divide, una parte se queda donde uno nació y la otra en el lugar donde uno echó raíces.
P: La vida del inmigrante no es solo trabajo. ¿Qué sacrificios tuvieron que hacer?
DB: Se deja todo. Se deja la familia, los amigos, el idioma, la comida. La nostalgia es la compañera más fiel. Todas las noches uno se acuesta pensando en lo que dejó atrás. Extrañaba a mis padres, a mis hermanos, a mis tíos... pero la vida en Argentina me dio una nueva familia, nuevos amigos. Era una elección: mirar hacia adelante o quedarse anclado en el pasado. Y siempre elegimos avanzar.
P: Para finalizar, y después de todo lo vivido, ¿cómo ve el futuro de este país que lo acogió?
DB: Lo veo con una mezcla de esperanza y preocupación. Han pasado por mucho, y nosotros también. Solo deseo que haya mejores condiciones para las futuras generaciones, que puedan vivir sin sobresaltos. Porque este país... (su voz se quiebra levemente) este país me dio todo, me dio mi vida.
La entrevista a Don Duilio Luis Bellun nos invita a reflexionar sobre la experiencia del inmigrante, un relato universal de desarraigo, resiliencia y esperanza. Su historia, aunque personal, resuena con la de miles de personas que, impulsadas por la necesidad, abandonaron su hogar para construir una nueva vida en una tierra desconocida.
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