Sucesos Históricos
Sudestada Domingo 12 de Noviembre de 1989
25 de Mayo del 2026
Imágen Canal Génova Sudestada Domingo 12 de Noviembre de 1989
El domingo 12 de noviembre de 1989 no fue un día cualquiera en Berisso; fue el día en que el cielo y el río decidieron cambiar las reglas de la supervivencia. Aquella jornada quedó grabada en la memoria colectiva no solo por el agua, sino por la furia inaudita de un viento que parecía querer arrancar la ciudad de sus cimientos.
Desde temprano, el ambiente se sentía pesado. Cuando los registros marcaron que el viento en el río interior alcanzaba los 150 kilómetros por hora, Berisso comprendió que no estábamos ante una sudestada común, sino ante un evento de una ferocidad inabarcable. El río, castigado por ese viento huracanado, comenzó a trepar con una voracidad aterradora hasta marcar los 4.04 metros.
Más allá de la cifra, lo que quedó marcado en los vecinos fue el estruendo. Ese viento no silbaba, bramaba contra las estructuras de chapa y las maderas de nuestras casas. Las calles, que habitualmente vemos como el escenario de nuestro paso diario hacia el trabajo o la escuela, se convirtieron en canales de una corriente oscura que arrastraba ramas, escombros y la sensación de que, por unas horas, el mundo se había vuelto hostil.
Quienes vivieron ese día recuerdan el sonido constante de las chapas vibrando y el miedo compartido en la penumbra de las casas, mientras los niveles de alerta —aquellos que normalmente se activan al llegar a los 2.50 metros— se volvieron irrelevantes ante la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Fue una batalla contra el elemento líquido y la presión del aire que, por momentos, parecía que no tendría fin.
Sin embargo, detrás de la devastación, emergió la fibra de nuestro pueblo. En medio del caos, la solidaridad volvió a ser el refugio más seguro. Vecinos que no dudaron en abrir sus puertas para quienes perdieron el resguardo, y esa unión silenciosa de quienes, al día siguiente, salieron a limpiar el barro y a evaluar las heridas de una ciudad que, golpeada, se negó a rendirse.
Aquel 12 de noviembre de 1989 nos recordó que en Berisso vivimos en un equilibrio precario con la naturaleza, pero también nos confirmó que no hay sudestada, por más violenta que sea, capaz de apagar la identidad de quienes han hecho de este suelo su hogar.
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